“Yo soy así”

Su relación con Gómez no iba por el cauce deseado. En cuanto cruzara la puerta, Morgan se lo diría sin tapujos. Él se esforzaba por ser atento y paciente con su mejor creativo, pero la rebeldía con la que se comportaba había agotado ya su paciencia. El tenso clima de la agencia de publicidad que había montado con tanto esfuerzo no podía permitirse un tipo así, sobre todo ahora que ni siquiera contaba con recursos para despedir a los incompetentes que le estaban llevando a una situación que, de no cambiar las cosas, le llevaría tarde o temprano a la quiebra.

Gómez era un tipo capaz, resolutivo y con iniciativa, pero tenía mucho carácter. Demasiado. Se trataba de un tipo difícil de amoldar que por sistema se negaba a aceptar los planteamientos de los demás, sobre todo los de Morgan. El dueño de la agencia no era un tipo especialmente quisquilloso, pero era quien mejor conocía a los clientes y quien se molestaba por resolver sus inquietudes. Por eso no le quedaba más remedio que matizar de vez en cuando el trabajo de Gómez, corregir pequeños detalles, cambiar algún color o elegir una tipografía distinta. Se sentía legitimado para hacerlo y esta noche se lo iba a explicar por última vez.

Todas las discrepancias entre ambos acababan en malas caras, roces y alguna que otra discusión subida de tono. Pero Morgan se había acostumbrado a convivir con ello. Su padre le había enseñado que para dirigir una empresa debía saber que, muchas veces, lo mejor es enemigo de lo bueno y aunque sabía que la situación terminaría explotando en algún momento, estaba dispuesto a actuar con serenidad. No se lo debía ni a Gómez ni a sí mismo, sino a su padre.

La explosión se había producido aquella misma tarde. El creativo había tocado la fibra sensible de Morgan con una frase que no aguantaba viniera de quien viniera. “Yo soy así”, le había dicho el diseñador después de una bronca sobre la foto que debían seleccionar para una nueva campaña en prensa. Ésa fue la gota que había colmado el vaso de la paciencia de Morgan. La frase no dejaba de resonar en su cabeza. Una y otra vez, continuamente, casi como si se tratara de una tortura, como si Gómez supiera que aquello era lo que le llevaba al límite.


Eran tres palabras que le bloqueaban. No era la primera vez que las escuchaba… ni que las sufría. Y cuando aparecían, le sacaban de sus casillas. Sólo su padre podía ayudarle a recuperar la calma, a encontrar la forma de afrontar el problema. Y una conversación con él en la soledad de la casa que compartían desde hacía tres años termino de convencerle de la solución que debía adoptar. Hoy, una vez más, su padre había demostrado ser su gran apoyo. Él era el único que le escuchaba, el que mejor le comprendía, la persona a la que se atrevía a confesar sus inquietudes y el que siempre acababa encontrando la fórmula adecuada para cada problema.

La recomendación era siempre la misma. Para su padre, los grandes males necesitaban de grandes remedios. Morgan lo sabía, pero necesitaba escuchar sus consejos para dar un paso al frente. Conocía perfectamente sus limitaciones y una de ella era la indecisión, que en la mayoría de las ocasiones rozaba la cobardía. Sin embargo, de la mano de su padre y de sus consejos, todo era distinto.

Ahora sólo tenía que esperar a que Gómez entrara en su casa. Morgan le estaba esperando en el banco situado junto a la puerta de servicio desde la que se accedía al domicilio. Le había costado algún tiempo conocer el ritual que el creativo llevaba a cabo cuando terminaba el día, pero después de observarle durante una semana se dio cuenta de que era siempre el mismo. No podía fallar. Gómez usaba las escaleras en lugar del ascensor, entraba por la puerta de la cocina, dejaba su abrigo en el banco, se descalzaba y abría la nevera para decidir qué se iba a echar al estómago antes de dedicar una o dos horas a zapear por los programas que le ofrecía la televisión.

En cuanto abriera la puerta, Morgan dejaría inconsciente a Gómez con el somnífero que impregnaba su pañuelo y le ataría en su propia cama. Hasta que se despertara, tenía quince minutos para preparar todo el instrumental, las herramientas necesarias para no dejar rastro de él, para acabar con aquel tipo que parecía incapaz de hablar tranquilamente con nadie. Esta noche no tendría ocasión de intentarlo. La mordaza se encargaría de que sólo hablara él. Y no tenía demasiadas cosas que decirle. Sólo tres palabras: “Yo soy así”.

Después dedicaría unas cuantas horas a deshacerse del material de trabajo y, sobre todo, del creativo. Entonces tomaría de nuevo el camino al hogar, donde sabía que su padre le esperaría despierto. Así acabaría aquella dura jornada. Con otra conversación tranquila y relajante. Él, como Gómez, también tenía sus propios rituales cuando llegaba a casa. Era la única manera que tenía de conciliar el sueño, tan esquivo desde hacía tres años, cuando una llamada de teléfono le despertó en medio de la noche para contarle que su padre se había dejado la vida contra la mediana de la autopista.

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Acerca de Alfredo García
Como periodista he escrito sobre muchas cosas -política, empresas, sanidad, deportes...- pero nunca me había dedicado a los textos literarios. Hace algún tiempo pensé que sería una buena manera de ejercer mi cerebro, algo que los profesionales de la información muchas veces no podemos hacer porque pasamos la mayor parte de nuestro tiempo dedicándonos a seguir la actualidad. Después de desperdigar mis escritos por algunos blogs he decidido que este será la nave nodriza de mi imaginación. Aquí están mis relatos, pero también algunas reflexiones sobre la actualidad, la vida, mi profesión y todo aquello que me parece digno de resaltar. Intentaré que los relatos sean el principal contenido del blog, aunque sea sólo por mantener la fidelidad con el nombre de esta bitácora. Os advierto que, como dice el título, son cuentos un poco extraños, con personajes que pueden ser extraordinarios o mediocres, pero nunca normales. Por cierto, me cuesta un poco escribir, así que es complicado que haga un relato cada día, o cada semana o, a veces, cada mes. Pido comprensión. Estaré atento a vuestras opiniones para aprender cada día. Muchas gracias

One Response to “Yo soy así”

  1. micromios dice:

    Todos somos asi, aunque alguno esconda su igualdad disfrazado de diferente. Buen relato, me ha recordado un globo que se va inflando hasta que estalla desparramando lo que tiene dentro.
    Salut

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