Acosada
17 febrero, 2010 1 comentario

- ¿Diga?
- Marion
- ¿Sí?
- Eres una inútil. Nunca llegarás a ningún lado. Y en Fairvale Telecom todo el mundo…
- ¿Por qué me haces esto?
- Todo el mundo sabe que estás condena a ser eternamente la secretaria de ese tal Lowery, un tipo que sólo te tiene ahí con la esperanza de llevarte algún día a la cama.
- ¡Déjame ya en paz!
- …
- ¿Por qué me haces esto?
(clic)
Aunque habían pasado tres semanas desde aquella llamada, Marion no lograba quitársela de la cabeza. Ni siquiera el hecho de saber que la Policía Federal se había hecho cargo ya del caso conseguía tranquilizarla. Ella seguía mirando constantemente la lista de llamadas recibidas de su teléfono móvil para tratar de descifrar quién estaba detrás de ese número oculto que tanto le desesperaba.
Como en las ocasiones anteriores, tras escuchar la voz de ese hombre le resultaba imposible dormir dos horas seguidas. Sam, su marido, estaba demostrando tener una enorme paciencia y había llegado incluso a cancelar algunos de los muchos viajes que, como representante de ventas, le mantenían lejos de casa desde hacía más de un año y gracias a los que los dos podían vivir sin demasiadas apreturas.
Las conversaciones que ambos mantenían en las noches de insomnio, al calor de un vaso de leche en plena madrugada, eran su único bálsamo. Pero todo empezaba de nuevo por la mañana, cuando no podía acudir al trabajo sin mirar a todas partes y era incapaz de sentarse en su mesa sin tratar de comprobar si alguien la estaba observando.
Todo resultaba amenazante para ella, sobre todo su oficina, una pradera diáfana situada en la vigésima planta de un edificio en la que cientos de ingenieros de Fairvale trabajaban desarrollando nuevas aplicaciones a las órdenes de Lowery y decenas de administrativos lidiaban con unas facturas que cada día se multiplicaban gracias a la campaña de ofertas por la que la operadora había dejado fuera de juego a la mayoría de las empresas de la competencia.
Siempre había creído que ella, una secretaria que no llamaba la atención por nada, pasaría inadvertida para todos. Pero ya no lo tenía tan claro. Cada vez estaba más convencida de que la buena relación que mantenía con su jefe era lo que encrespaba al autor de las llamadas.
¿Sería algún administrativo frustrado por no tener, como ella, contacto con las altas esferas? ¿Se trataría de un técnico con ganas de distraer a Lowery de su brillante trayectoria como impulsor de las aplicaciones que ahora estaban en los móviles de todos los jóvenes del país? Llegó a dudar incluso de su propio jefe, pero él había sido, precisamente, el que había conseguido poner el asunto en manos de la Policía Federal.
Una vez más repitió el acto reflejo que había adquirido en los últimos meses: repasar la lista de llamadas entrantes para ver, de nuevo, aquel mensaje de identidad oculta que escondía a su acosador. Se dio cuenta de que no le quedaba casi batería. Fue entonces cuando recibió una nueva llamada. Esta vez había un número en su pantalla. Raro, pero un número que daba la cara. Por eso decidió responder:
- ¿Diga?
- ¿Marion Crane?
- ¿Quién es?
- ¿Le llamo de la Policía Federal?
- …
- ¿Está bien?
- Sí, dígame…
- Quería decirle que ya tenemos resultado del rastreo de las llamadas. Ha sido difícil conseguir la identidad del autor, porque cada una de las comunicaciones se establecía desde una ciudad diferente, pero ya sabemos quién es. ¿Le importa que nos veamos ahora mismo?
- …
- ¿Marion?
- …
- ¿Marion?
(clic)
Marion guardó el móvil en el bolso, cogió su abrigo y abandonó la pradera que pisaban los ingenieros y administrativos de Fairvale Telecom. Mientras bajaba en el ascensor las veinte plantas del edificio decidió no acudir a la policía sin pasar antes por casa.
Quería recoger el cargador para tener el teléfono operativo cuando el teléfono sonara en plena noche, una noche en la que Sam volvía a estar ausente y en la que, probablemente, le tocaría preparar el vaso de leche caliente a algún investigador de la Policía Federal.

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Jajajaja! No te preocupes, que menudo subidón me ha dado el ver 7 comentarios. Oye… cojonudo el relato, siempre dejas un ápice de historia para que el lector la interprete a su manera y eso mola.
Pero bueno… no sé si te lo he dicho alguna otra vez, lo mejor son los nombres de los personajes, yo me parto el ojete con eso.