Cuando terminó el discurso de su vida…

César descubrió que se le había olvidado pulsar el play de la grabadora con la que debía registrar aquel trabajo evaluable de improvisación.

Cuando quito el tapón del lavabo…

César se convenció a sí mismo de que esa sería la última vez que desaguaría sus frustraciones solo y en silencio.

 

Cuando llegó al primer piso…

César se dio cuenta de que tirarse del noveno no arreglaría ninguno de sus problemas. Leer más de este artículo

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